criticas periodísticas capitulo ocho 1997

 

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Clarín
Cultura - Imagen y Sonido
Jueves 2 de octubre de 1997

John Oswald - Un transgresor del copyright musical
Jardines ajenos

¿Se clonan conferencias en Buenos Aires? Con una distancia de apenas un mes, son presentados dos workshops titulados "Plunderphonics" (?), dentro del ciclo de música avant garde Experimenta ´97 que organiza la Secretaría de Cultura del Gobierno porteño. El primero fue en el British Art Center y estuvo a cargo del músico angloamericano Chris Cutler. El segundo se anuncia para el 12 de este mes en el Centro Rojas con el inventor de la palabreja "Plunderphonic", el compositor canadiense John Oswald, al micrófono. Conferencias clonadas que tratan sobre la clonación musical, habría que aclarar: la traducción de "Plunderphonics" podría ser "cleptofonías" o "robofonías", es decir, collages musicales compuestos con extractos de músicas ajenas, computadoras o samplers mediante.

Para Oswald -más un montajista de sonidos de la era digital que "músico", aunque también improvisa con su saxo-, cualquier pieza musical que haya quedado grabada ya pertenece al dominio público. Por lo tanto, en cuanto a compositor, considera que hoy toda música es material en potencia para otra. Pero admite: "este nuevo campo de creatividad está alambrado por las leyes del copyright". Lamentablemente, la ideología romántica del genio continúa siendo legitimada por las concepciones de autor-propietario y originalidad que se sostienen a nivel jurídico en el capitalismo occidental de hoy. Su disco "Plunderphonics" (1989) contenía 24 tracks que modificaban y montaban "electroquotes" (citas eléctricas) saqueadas a Elvis Presley, Igor Stravinsky, Dolly Parton, Count Basie... y Michael Jackson, quien transexualizado en un collage a manos del canadiense para la cubierta del cd presionó con acciones legales hasta que la Canadian Recording Industry Association mandó destrozar públicamente las mil copias. La edición había sido financiada por el mismo collagista con la intención de distribuirla gratuitamente a radios y museos. Así que no podían ser alegadas las mismas razones de lucro que esgrimió la Orquesta de Cleveland cuando en 1991 demandó a Jackson por haber usado sin permiso su versión de la Novena de Beethoven en el multimillonario Dangerous.

Oswald propone una estética para estos tiempos de piratería hogareña mediada por scanners, fotocopiadoras, videograbadoras y samplers. Y al poner las potencialidades artísticas de las nuevas tecnologías en fricción con el poder judicial y el poder económico, se torna política. Hoy toda música es relativa: entra en una cadena infinita de reciclajes cuando es mezclada por un disc-jockey en una disco, cuando un productor de rap repite un ritmo de James Brown o U2 samplea sonidos de sus discos favoritos. Cualquier compositor enfrentado a las nuevas tecnologías musicales de cut & paste puede convertirse instantáneamente en un Marcel Duchamp del ready made sonoro. Efectivamente, muchas de las técnicas vanguardistas de comienzos de siglo, ahora a un paso del 2000 se han democratizado. Lo cual, no quiere decir que todo lo que se produzca sea "arte", claro. Oswald cuando vivisecciona y re-compone trata de evitar aquello que le resulta más regresivo en la música pop: redundancia. Entrenado en el free jazz y la música concreta, Oswald esquiva cualquier lógica musical a la hora de "com-poner" (poner juntos) los sonidos. Su disco Plexure (1993), solo editado en Japón, es una obra maestra de la microcirugía sonora. En veinte minutos monta cientos de "sonemas" (unidades mínimas de sonido) que le extirpó al rock & pop de U2, Nirvana, R.E.M, Madonna y otros. En el disco, el inconsciente colectivo musical que nos impuso la radio en estos años parece abrirse como caja de Pandora a velocidad fast-forward. La tapa es un collage donde el rocker nacionalista Bruce Springteen carga la espalda del negro soul Bobby Brown, en tanto los temas son firmados por nombres también montados, como "Beastie Shop Beach". Su discografía oficial cataloga además collage para ballet (Discosphere, 1992) y un doble donde recompone la canción Dark Star de Grateful Dead acelerando y desacelerando microfragmentos de cien versiones en vivo (Grayfolded, 1995). Por ahora, la única manera de hacerse con una copia de Plunderphonics es enviando un cassette virgen de 90´ más unos dólares para gastos al Copyright Violation Squad (P.O. BOX 227, Iowa City, Iowa 52244, USA). Acaso en poco tiempo más, las condiciones jurídicas cambien, y compositores "robofónicos" fuera de multinacionales como los Negativlands, o Christian Marclay sean reconocidos. Porque, augura Marclay, "la música del futuro con jams en tiempo real vía Internet, será constantemente manipulada y volverá a ser efímera, fuera de las constricciones que imponían las grabaciones permanentes o el marketing".

Pablo Schanton