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Santísima Virgen María, que en compañía de tu hijo Jesús y de San José tu
esposo conociste las amarguras de la migración en tu destierro de Egipto,
acompaña por los caminos del mundo a nuestros innumerables hermanos que
fuera de su patria, luchan para vencer las dificultades de una vida casi
siempre angustiosa y heroica.
Vela por su fe. Da aliento a su esperanza. Consérvalos firmes en su amor a
Dios. Bendice el sacrificio de su partida y los esfuerzos de su trabajo.
Orienta sus pasos en el sentido de una verdadera fraternidad cristiana
entre los pueblos. Que encuentren corazones generosos que los ayuden.
Que sean agradecidos a los que los reciben y fieles a los que, en la
partida ellos lloraron.
Dales, oh Madre, el premio de una paz basada en la justicia social y
cristiana y el gozo de una patria eterna compartida por todos, en el
abrazo del Padre que está en los Cielos.
Amén.
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